De dónde venimos, a dónde vamos

Hace exactamente un año publiqué esto en un blog anterior:

Hemos topado con el mayor de los icebergs, que es la desconfianza de los inversores. Añadámosle también la mala leche de los países no PIIGS soltando rumores estúpidos que les perjudican tanto a ellos como a nosotros. Si nadie compra deuda pública, no se puede salir del meollo. Estamos tocados y casi hundidos, con la economía intervenida por organismos supraestatales y lo que es peor, incertidumbre sobre el futuro. Una reforma laboral en mal momento, como todo en España, con nuestro lema particular “Tarde, mal y a rastras“. 

Tan sólo ha pasado un año. Mi discurso ha cambiado mucho.  Antes era mucho más enérgico y sin un estilo claro, pero sigue siendo igual de contundente, estamos igual que estábamos hace un año. Estancados. Tenemos la prima de riesgo a 365 puntos básicos. El año pasado, eran 200. Aunque estaréis muchos hasta más arriba del pico de la boina de que os expliquen qué es la prima de riesgo, yo si os sirve de disculpa, a ciencia cierta no sé lo que es, sólo sé que cuanto más alta es, más tenemos que pagar a los inversores para colocar nuestra deuda. Es como una fianza, y mide tu credibilidad como pagador.

También escribí esto:

 Vaticino la salida de la crisis para cuando yo acabe la carrera, dentro de 6 años, máster inclusive. Hablo de que empecemos a crecer, pero esa crecida se la comerá la emisión de deuda pública. ¿Que no sabéis lo que es la deuda pública? Consiste en pedir un préstamo para pagar algo teniendo la confianza de que el Estado nunca quiebra, a largo plazo, obteniendo unos intereses no demasiado elevados a pagar. Los bonos del Estado son un ejemplo práctico de deuda pública para viandantes. Ahora mismo estamos colocando esa deuda a nuestros bancos, es decir, que estamos tapando nuestros agujeros con… nuestro dinero.

Os suenan los suspensos de nuestras entidades bancarias, ¿verdad? Pues ya sabéis de dónde vienen.

Por eso he glosado un antiguo artículo mío, porque para qué hablar si mis palabras ya están dichas. Lo mejor es el final.

Predigo, no ya el caos y la conjunción planetaria Pajiniana-Zapateril-Obamanesca. Lo peor de la crisis ni ha empezado. Grecia ha marcado el camino, y España va recta hacia el abismo. Oremos todos “No hay crisis, son los padres”, hasta la extenuación.

A lo cual añadiría hoy: “Ni un cambio de gobierno nos libra de esta”.

Así estamos todos

Que cada palo aguante su vela. Gracias.

 

 

 

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