Idiota el último

Hoy nuestra adorable prima de riesgo se encuentra a 612 puntos. La inutilidad del gobierno, su inacción y sobre todo, su carencia absoluta de dotes comunicativas han conseguido que los de siempre manejen a la calle como desean. Y hoy podemos ver que esas personas han salido a la calle por un justísimo motivo: sin aviso previo, les han bajado el sueldo y eliminado unas ventajas con la excusa de que ahora no hay dinero. Y tienen razón. Donde no tienen razón es en las causas que los han motivado. El gobierno está permitiendo que partidos minoritarios manejen a las enfervorecidas hordas de personas muy cabreadas contra ellos. Y tienen razón en estar enfadados. Pero los partidos que favorecen y jalean estas broncas tiene unos tintes antidemocráticos muy claros. Que sí, que el gobierno por muy gobierno que sea no tiene derecho a hacer el sablazo al contribuyente. Pero el problema es que hay un gobierno por encima del nuestro que les obliga a hacerlo porque quieren cobrar. Así de simple. Un país puede endeudarse todo lo que quiera mientras tenga la capacidad de pagarlo. Y ahora mismo, España no tiene capacidad de pagar. Tras cortar el grifo de dinero, el BCE ha acabado dando la razón a los que decíamos que esto no tiene más solución que la intervención. El problema es que hoy estamos pagando una situación crónica de España, que tan magistralmente desarrolló Aleix Saló en su Españistán.

Este gobierno no terminará con las autonomías ni las sustituirá por estados federales. No terminará con las duplicidades, mangoneo, concursos a dedo ni aumentará la productividad. Tampoco mejorará el sistema educativo, porque ahora mismo ninguna de esas es la prioridad. La prioridad es que el prestamista – la Unión Europea – cobre, porque si no cobra, ellos van detrás. En vez de ir reduciendo paulatinamente su deuda, España ha continuado endeudándose, pidiendo préstamos para pagar otros préstamos. ¡Y hay quien dice que el estado recauda poco! No es que recaudemos poco, es que hemos tirado el dinero en cosas que ni necesitamos (infraestructuras, aeropuertos en cada provincia, diputaciones, funcionariado que sobra) y no lo hemos gastado donde hacía falta (hacer un sistema adecuado de seguridad social que no sea una pirámide Ponzi, un sistema educativo en el que toda la cámara baja estuviese de acuerdo, excesiva presión fiscal sobre la clase media que no ve retribuida en ninguna otra parte…)

Por lo que esperemos que el gobierno que nos intervenga sea conocedor de lo que pasa en España. Ese lugar que abre de 10 a 2 y de 5 a 7.

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Mejorando a Yorokobu: SimCity4 y la experiencia de crisis española.

http://www.yorokobu.es/simcity-crisis/

UPDATE 9:01 Si véis algún cambio en lo que he escrito es básicamente porque me acabo de dar cuenta de que está redactado fatal.

Bien, he querido hacer lo mismo que los de Yorokobu pero en un simulador más moderno como SimCity 4. Primero, construí una ciudad de forma lenta pero continuada, manteniendo a raya el presupuesto, no gastando más allá de lo necesario y agregando poco a poco cosas que se iban necesitando.

Pero el crecimiento era muuuuy lento. Me aburría que todo fuese despacio. Aprovechando la coyuntura, elegí un nuevo alcalde que prometía a la ciudad crecer al doble los dos próximos años, construir un aeropuerto, un puerto para la industria, y hacer viviendas para todos, y por supuesto,  mantener los impuestos. Mis ciudadanos le creyeron y le votaron. Mirad la que lió.

Duplicó la ciudad. Toda la nueva zona contaba con un megahospital, zonas verdes, 4 colegios (para una ciudad que aún no superaba los 20.000 habitantes), así como comunicaciones adecuadas por autobús. El déficit, como es lógico, aumentó dramáticamente en el momento que se inició la inversión, pero las arcas de la ciudad estaban llenas. No contento con ello, el gasto prosiguió durante 4 años más, unos años en los que hubo un crecimiento acelerado de la economía (una burbuja), pero cada vez había menos dinero en la hucha.

Como podéis apreciar ahí, el gasto se empieza a disparar de una forma asustante. Bien, durante 4 años más aguantó perfectamente el envite y comenzó a gastar. Entonces, algo no iba bien, porque tuvo que recurrir a un préstamo de 200.000 simoleones (la moneda del juego), no una ni dos veces, sino CUATRO. El gasto público, despampanante, una ciudad sobredimensionada que daba servicios de más a sus ciudadanos, sin poder pagarlo. Esto, evidentemente, no es sostenible. Entonces se dio cuenta de que tenía que hacer algo, dado el tope de endeudamiento era de casi 2 millones de simoleones y pagaba ya un 5% de interés a 10 años… por lo que empezó un plan de estímulo económico.

Cogió y llenó esa isla de tejido industrial para poder proporcionar un empleo a todos los habitantes de la ciudad, sin fijarse que la economía no podía asumir toda esa nueva producción tan de golpe. Imposible. Aumentó el gasto público en sanidad y educación, para poder garantizar que los jóvenes tendrían una educación excelente, y la sanidad, para que todo el mundo estuviese cubierto.

Los picos que veis son los préstamos. Y cómo bajan, es asustante. Pues el gasto desenfrenado siguió constantemente, hasta que de repente, no pudo pedir más préstamos porque ya debía… 800.000 simoleones. Entonces, su asesor financiero le pidió que subiese impuestos para detener la sangría económica, pero no se le pasó, en ningun momento, recortar el gasto público. No podía dejar de lado a sus votantes. Subir los impuestos, en todo caso, sería para poder mantener las bondades del sistema.

Como podéis ver, el gasto público aumentó, ya que según Paul Krugman, que era un economista fantástico, tenía que aumentar impuestos y gasto público, dado que su incidencia directa en la demanda provocaría el crecimiento sostenido del lugar. Pero no podía perjudicar a sus votantes. Decidió entonces freir a impuestos a la clase media y alta, de todos los sectores productivos, pensando que ellos sí que deberían hacer el esfuerzo. (las imágenes ahora son fotos porque esto iba demasiado rápido como para hacer capturas de pantalla y lo hice a través de Twitter).

Lo primero que pasó es que la demanda cayó de forma dramática casi instantáneamente, y el paro aumentó en la misma proporción. Aquí lo podéis ver:

La línea del medio, en color azul, es la línea de los pequeños comercios. Podéis observar cómo cae de forma casi brutal en el momento de la subida de impuestos. Seguimos sin recortar gastos, y menos los sanitarios ni educativos, porque no podemos fastidiar  a nadie. Y nuestra deuda empieza a ser muy preocupante, porque encadenamos cuatro préstamos de 200.000 simoleones, todavía sin pagar. ¿Y qué hacemos entonces? Convocamos  elecciones y se eligió a un nuevo alcalde que pretendía aplicar una receta liberal, prometiendo sacar a la ciudad de su crisis. Al llegar al poder, esto fue lo que primero vio.

Un gasto público exacerbado, y unos ingresos inflados por unos impuestos que ahogaban a la ciudadanía. Lo primero que tuvo que hacer fue un ajuste tremendo de la sanidad y la educación, que se llevaban casi 8000 simoleones del déficit, costándole huelgas en ambas instituciones. Tuvo que eliminar tanto el puerto de la ciudad, como el aeropuerto, dejando el ferrocarril, que hasta la fecha estaba completamente infrautilizado. Y llevó a cabo algo que algunos interpretaron como una locura: bajar los impuestos, con la intención de favorecer el ahorro, la contratación y una liberación del peso fiscal de los ciudadanos. Él todavía no sabía lo que iba a pasar después.

¡MILAGRO! El déficit se había reducido drásticamente al bajar los impuestos al comercio, reducir el gasto de la sanidad y de la educación, pero aun así, aún tenía que pagar los 800.000 simoleones de los préstamos anteriores. Y no podía hacer nada más, porque no había dinero que gastar en nuevas zonas comerciales o residenciales, porque tenía -14.000 simoleones en la caja. La sanidad se resintió muchísimo, ya que el hospital tenía tan solo 2500 plazas y había una demanda de 3000. Y por supuesto, el recorte policial, bomberos, y demás partidas, era insuficiente para atajar el déficit. Todo parecía que si la economía podía aguantar así unos pocos años, quizá pronto saldrían de esa situación. El alcalde entonces, vaticinó que de esta crisis se podría ver la luz al final del túnel a los 8 años, que es cuando vencía el último de los préstamos.

Las cuentas públicas de la ciudad alcanzaron -100.000 $. Incapaz de poder pedir otro préstamo, que dispararía el gasto público más aún, provocaría que la crisis fuera aún más larga. A pesar de haber recortado en todo lo que pudo, bajado impuestos, el gasto público era demasiado como para hacer crecer la economía de nuevo sin provocar un impago. Y claro, el impago llegó. El alcalde se vio forzado a dimitir y fue sustituido por una troika de gestores que oprimieron más aún a la ciudadanía si cabe, a pesar del esfuerzo.

Las conclusiones que he sacado con este experimento han sido que, una vez hecho el mal del gasto, es IMPOSIBLE salir de ese agujero a corto plazo, y me atrevería a decir que es más imposible aún a largo plazo sin un impago. Y dos, que bajar impuestos no es suficiente, pero necesario. También tened en cuenta que es sólo un juego, y faltan muchas variables (bancos, sistema financiero, personas, etc). Pero lo que ha quedado claro es que no se puede gastar como ha hecho nuestro país (y he provocado la crisis con una expansión crediticia). No se puede vivir a crédito, y aquí ha quedado patente, por mucha confianza que tengas en tu economía, hay un punto en el que se te acaba el chollo.

Así que sacad vuestras propias conclusiones. Gracias a Yorokobu por el post, y espero que este ilustre aún más.

Porqué no deberías fiarte de Krugman y demás neokeynesianos

Aunque muchos hoy desconocen quién es Keynes y sus nefastas políticas económicas -que han sido sistemáticamente mal aplicadas durante casi 60 años- debemos decir que hoy casi el 90% de los partidos políticos fundamentan sus políticas en el neokeynesianismo, es decir, en el gasto público para estimular la demanda agregada. Sin embargo, esto es un error que nos hace caer en lo mismo de lo que salimos. ¿Porqué? Sigue leyendo.

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