Farewell to Catalonia

Hoy es un aciago día para los españoles de verdad. Contemplamos, indemnes, la marea de senyeras que el nacionalismo ha sacado a la calle. Mientras algunos nacionalistas españoles insultan a todo aquel que se ha manifestado en Barcelona, yo no puedo. Soy incapaz de insultar a alguien por no querer ser español. No se puede obligar a un pueblo a pertenecer a otro, por lo que desgraciadamente, se ha marcado hoy un antes y un después en la historia de Cataluña.

Esta manifestación no es como otras. Las mentiras del nacionalismo, basadas en un halo de misticismo y de verdad a medias, al final han convencido al catalán medio de que lo que le interesa es que Cataluña sea un país. Los intereses de unos pocos han convencido al resto. Y qué le vamos a hacer. España es un país moderno, y tiene que asumir que hay un problema grande con Cataluña. ¿Qué hacemos con un lugar de España que no quiere serlo?

El problema no radica, como los nacionalistas creen, en la españolidad. España siempre ha sido España, desde Hesperia hasta Hispania. Cuando Rafael Casanova luchaba por los derechos del Principado de Cataluña, lo hacía por la antigua España, de pueblos diferentes, pero con una misma mira. Después de unos años, en la meseta se prohibió oficialmente el Catalán, aunque no oficiosamente, como ya bien sabéis.

El problema es que esa españolidad ha desaparecido. El orgullo de nación que poseen los catalanes no se puede ni comparar con el español, que sólo saca la bandera cuando gana La Selección. El patriotismo español es de perogrullo, es chovinista y además, parece que “lo español” es sólo lo que ocurre en La Meseta. Español sólo es el que habita La Meseta. Y ese es el mensaje que se ha transmitido.

De todos modos, no todo es culpa nuestra, ni mucho menos. Que se dejara a libre arbitrio a las autonomías el tema educativo tiene mucho que ver. Que se dejara decir medias verdades a los independentistas nacionalistas a la chavalería de la época tiene mucho que ver. Las multas por no rotular en castellano, la “inmersión lingüística”, la pérdida de derechos de la población castellanoparlante catalana… un idioma que se habla en Cataluña desde el siglo XV.

Por lo que Cataluña, me despido de ti. No concibo que haya una frontera pasado Fraga y el Ebro. No puedo concebirlo. No puedo entender que se exhiba un idioma como espada, en vez de lo que es, un idioma. Como tampoco comprendo ese odio entre paletos españolazos y catalanes, ese independentismo exacerbado de hijos de andaluces, extremeños y murcianos. Será que se avergüenzan de sus padres. Igual que sus padres hoy se avergüenzan de ser españoles.

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