Recientemente leí un artículo de GQ que me abrió los ojos con el asunto hipster. Y además bastante. Me muevo por ambientes bastante modernos -y me atrevería a reconocer mi modernez– y puedo atestiguar que se están hipsterizando cosas que antes eran execrables o irreconocibles por parte de un buen pedazo de hipsters. Sin exagerar. Estamos hablando de cosas tan típicas de España como las cañas, las tapas, el fútbol, la música pop española y de LOS TOROS. Pero el caso más llamativo, sin duda es el fútbol.

Estamos a hostias con el asunto del término hipster. Que si así llamaban a los que le molaba el jazz de los 50′, que si así llamaban a los jóvenes de clase media independientes con gustos culturales, pero claro, la terminología no satisface a nadie. No soy ningún experto en el asunto hipster,  yo a estos individuos no les he visto en España hasta por lo menos 2007, y eran bastante pocos, y muy localizados en barrios muy particulares: Malasaña, Lavapiés y Chueca. La primera vez que vi un hipster fue en la Calle Fuencarral hace 5 años. Entonces no tenía ni puta idea de su denominación hipster. Como todas las cosas que llegan a España vienen de los EEUU, supuse que serían una continuación de los indies, pero no, estos eran más indies que los indies, más gafapastas que los gafapastas.

Hipster realmente significa moderno. Hip quiere decir algo como moderno, por lo que la traducción de hipster es moderno en verdad. La historia es que si algo caracterizaba a estos personajes es el odio irracional a cosas que en España tenemos aceptadas, sin importar la condición social: El fútbol, las tapas y las cañas. Un hipster español odiaba ser español, porque quería ser de cualquier otro sitio menos de la vieja España. No importa que de pequeño jugara en el equipo de fútbol local, su odio irracional al fútbol llegaba a límites insospechados. Hipsterizar, en todo caso, es que un hipster aprehenda algo. Hipsterizar el fútbol es que los hipsters empiecen a hacerse especialistas en fútbol.

Para una persona que se preocupa por la cultura, con inquietudes artísticas, el fútbol puede llegar a ser algo completamente, vamos a llamarlo de algún modo, de bajeza. Si algo sabemos de los hipsters es que se ríen de su superficialidad siendo superficiales. Los hipsters son gente con pasta, hijos de familias con pasta o treintañeros cortos/ veinteañeros largos con una profesión liberal. Pero de un tiempo a esta parte, estoy observando cosas en los hipsters que jamás creí posibles. Y una de ellas es su afición al fútbol, su salida del armario pelotil.

Football will tear us apart

Como decía, para una persona que el arte posmoderno es su vida – del que no tiene ni zorra idea, pero eso es otro asunto-, el fútbol no entra en ella. Pero de repente, en el caso particular de Madrid, o en conversaciones de discoteca, piti en mano, borrachos como cubas, se les escapa un: “Joder, qué golazo de Cristiano el otro día contra el Valencia, ¿no lo visteis?”. Disfrutan de algo que por definición les daba asco. Ellos, que son el grupo de los que no quieren pertenecer al grupo, disfrutando del circo de la plebe. Pero esto no es lo único. Los hipsters en Malasaña solían tomarse un café en Lolina, unas copas cerca de la Nasti, o en la misma Nasti, pero es que ahora a mediodía, cada vez hay más que van a la tasca –referencia obligada– a tomarse lo siguiente:

-Vermú, o en su defecto, caña de Mahou.

-Tortilla de patata/Cortezas/Patatas fritas/Chorizo Frito/Cualquier tapa clásica.

Esto era impensable para un moderno. Lo que hacía el moderno a esa hora, si no estaba trabajando o estudiando, era tomarse un café, al modo internacional. Pero lo dicho, de un tiempo a esta parte, se reúnen en los bares más raw, más de toda la puta vida, a tomarse cosas que tomaban sus padres con su edad, y no precisamente por necesidad. Y además, para ver el fútbol. Hipsters gritando GOL. Parece increíble, pero es verdad.

La pregunta que nos hacemos todos es: ¿Qué lleva a un hipster a hacer cosas mainstream (usando terminología adecuada)? El hipster es un nostálgico del pasado. Es una persona que preferiría estar en Mayo del 68 o en la Transición. Es un posmoderno conservador, porque no acepta la modernidad. No obstante hace cosas modernas (escucha /hace /crea cosas antes que nadie y se vanagloria de ello) desde cosas antiguas (ordenadores antiguos, libretas, máquinas de escribir, tecnología de los 90, etc). Y busca identificarse con la generación a la que admira, que es la del babyboom. Se viste de otro tiempo, tratando de identificarse con la etapa dorada del capitalismo americano, que son los años 60. Y en España, como el fenómeno progresivamente se localiza, el hipster adquiere características típicas españolas como el tapeo y el fútbol.  Yo no sé si será parte de su ironía – como lo del gintonic sin gintonic o el bigote – pero el caso es que podemos apreciar esta hipsterización en este vídeo muy significativo, sobre todo porque es de la época en la que el Zombie se pone de moda, pero ese es otro asunto.

Para concluir, o por si no te apetecía leer divagaciones sobre los hipsters: que los modernos se lo pasan teta viendo al Realmadrí cuando antes el fútbol era impensable para ellos -en el sentido literal de la palabra-.

 

[NOTA: ESTE ARTÍCULO ES DIVAGACIÓN PURA Y DURA, NADA ES CIENTÍFICO NI DEMOSTRABLE]

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La hipsterización de las españoladas

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