No cayeron unas torres

Que cayesen un par de colosos de hierro y hormigón fue lo de menos. Que dos aviones se estrellasen contra un símbolo de la civilización solo fue el principio. Aquel día, a las 3 de la tarde hora española, 9 de la mañana hora estadounidense, comenzaba el principio del fin de la civilización occidental. La que ha acogido emigrantes de todo el mundo. La que permite que cualquiera hoy pueda decir libremente que Occidente nos oprime y termina con nuestra identidad. La que ha liderado el crecimiento económico y cultural del mundo. La que ha extendido sus lenguas -inglés, francés, español, portugués-. La que ha renunciado a su religión por el progreso tecnológico, habiéndose dejado por el camino su moral. Es normal que, con este historial, Occidente solo genere rechazo en el resto del mundo; al fin y al cabo somos los únicos que nos gobernamos en relativa libertad. El único lugar del mundo donde la mujer está en igualdad de condiciones al hombre, el único lugar donde se puede insultar al gobierno o expresar nuestra opinión, el único lugar donde el Estado se preocupa -relativamente- de sus ciudadanos, donde lo que pensamos o votamos cuenta. Y sí, es normal que haya gente que nos odie por ello. Otros están acostumbrados a vestir a sus mujeres de arriba a abajo para que otros no las miren. Yo me siento orgulloso de Occidente. Por eso todos nos quieren ver en el fango. A pesar de que hemos hecho cosas horribles, nuestra civilización es educada, gloriosa, libre e independiente. Démosle dientes a nuestros enemigos; eso es lo que obtendrán tratando de destruirnos. Hace 13 años, nos apuñalaron en la capital de nuestra civilización, la eterna Nueva York. Cuatro años después, volaron los trenes de la puerta de América Latina y la del mundo anglosajón. Y hoy, cortan cabezas a periodistas. Pero ellos continúan viviendo como en la Edad Media mientras que nosotros tratamos de salir de la peor depresión económica que hemos conocido en la historia del capitalismo. Viva Occidente, y mientras yo tenga memoria, no habrá 11 de septiembre que no se recuerde. No habrá infamia que no quede impune.

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